Carlos Alza Barco, Escuela de Gobierno PUCP.

 

Hace unos años, el Presidente de un Regulador se rasgaba las vestiduras afirmando su “neutralidad”. “In dubio pro empresa y privatización” eran sus principios. A la par, los usuarios sufríamos cobros arbitrarios y malos servicios. Confundía neutralidad con autonomía e independencia. Años después, el Tribunal Constitucional nos daba la razón estableciendo que todo órgano público, incluidos los reguladores, debe cumplir el “deber especial de protección de usuarios y consumidores”, establecido en la Constitución. El regulador debe ser autónomo, independiente, pero su misión es garantizar mejores servicios públicos.

Acaban de nombrar a los Presidentes de Sunass y Osinergmin. Osiptel y Ositrán  fueron declarados desiertos. En aras de la autonomía sería mejor que la elección no coincida con el periodo de gobierno. Los nuevos presidentes tienen el deber de no admitir directivas ni intromisiones políticas en sus decisiones. Un regulador debe guiarse por criterios técnicos, esa es su naturaleza. Para elegir a los que faltan, transparencia en la selección es imprescindible.

Aparecido el 06 de abril de 2012 en El Diario El Comercio (B4, Sección Economía).

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