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El Ciclo de Políticas Públicas[1]

Desde que se inició el estudio de las políticas públicas se ha ido construyendo la idea de sus “fases” organizadas en lo que se denomina el “ciclo de políticas”. Una forma útil –aunque sobre simplificada- de entender un proceso complejo. En estas fases encontramos el establecimiento de la agenda pública, o agendación; el diseño de estrategias, la implementación de programas públicos y la evaluación de lo realizado, tal como se muestra en el siguiente gráfico.

Gráfico No. 01

Las fases de las políticas públicas

Fases de la política pública

Fases de la política pública

Elaboración propia sobre la base a Lindblom (1991:13)

La idea de ciclo de política refiere a más que un proceso lineal y ordenado; más bien hace referencia a un proceso compuesto de fases que se retroalimentan continuamente. El “ciclo” de política sería más cercano al siguiente gráfico:

Gráfico No. 02

El ciclo de políticas públicas

Ciclo de políticas públicas

Fuente: elaboración propia

Este proceso decisional no es necesariamente claro ni racional. En la realidad, el proceso de toma de decisiones públicas forma parte de una dinámica donde conviven varios procesos al mismo tiempo, que pueden, inclusive, cruzarse, retroalimentarse, reforzarse o negarse entre sí. Además, es la intervención de múltiples actores donde cada uno de ellos tiene intereses particulares del grupo al que representan, lo que complejiza aún más las dinámicas internas del proceso de política pública.

La motivación detrás de la toma de decisiones puede ser variable y es posible que el entretejido de las mismas resuelva el problema original, pero cause otros. También, puede ocurrir que, en medio de la implementación de la solución decidida, se generen nuevas alternativas, o que la evaluación exija nuevos diseños, la inclusión de nuevos temas en la agenda o la redefinición de la implementación. Queda claro que estamos tratando con un proceso complejo, cuyas denominadas fases se imbrican, traslapan y refuerzan entre sí.

Gráfico No. 03

Un proceso complejo

Un proceso complejo

Fuente: Elaboración propia.

Algunos autores no consideran que el establecimiento de la agenda pública sea parte propiamente de las políticas públicas, pues estas no implican la toma de decisiones. Sin embargo, el establecimiento de agenda en estricto –como veremos después- sí exige decisiones: la decisión de que una situación sea comprendida como problemática, el mapeo y la elección de las diversas soluciones posibles y  dónde el Estado debe intervenir directamente o generando condiciones para que ello ocurra.

Funciones gerenciales

En el proceso complejo de la elaboración de políticas públicas, quienes asumen la responsabilidad por parte del Estado, de utilizar los recursos públicos y hacer que respondan a las necesidades de los ciudadanos, son los gerentes públicos. A ellos les corresponde tomar decisiones para resolver los problemas públicos mediante la interacción con los distintos actores y los consensos destinados al bien común. En ese proceso utilizan la autoridad del Estado para dar legitimidad y exigibilidad a las decisiones tomadas.

Los gerentes públicos hacen operativas las políticas públicas a través de diversas prácticas que se producen en el proceso o ciclo de políticas públicas. Cuando un gerente toma decisiones lo hace cumpliendo diversas funciones. A dichas prácticas las denominamos funciones gerenciales y se desarrollan en el marco de la estrategia del gerente público.

Barzelay y Cortázar (2004) definen a las prácticas gerenciales como:

métodos específicos que utilizan los gerentes sociales para interactuar con situaciones problemáticas referidas al campo de desarrollo social y/o desempeño de las organizaciones y programas sociales, de las cuales se esperan determinados resultados valiosos”.(BARZELAY, Michael y CORTÁZAR:2004, 47.)

 

Estos autores también afirman, sobre la base de lo afirmado por Eugene Bardach, que en el estudio de los elementos que componen una práctica gerencial, es importante prestar atención a la funciones que estos elementos desempeñan, proponiendo así que “la caracterización funcional opere como una definición en un nivel abstracto del fin o del resultado que debe ser obtenido por un componente al interior de un sistema en funcionamiento. Si entendemos la gestión de un programa o política social como un sistema en funcionamiento, es posible descomponer el proceso de gerencia en subconjuntos de prácticas orientadas a obtener diferentes fines o resultados al interior de dicho sistema. (BARZELAY, Michael y CORTÁZAR: 2004, 47)

 

Los gerentes públicos desempeñan procedimientos y acciones de las cuales se hacen responsables a través del cumplimiento de diversas funciones gerenciales relativas a la agenda pública, el desarrollo de la estrategia (diseño), la implementación de la misma y su evaluación como política pública (BARZELAY, Michael y CORTÁZAR:2004, 48). Estas funciones son una categoría de análisis que indica de manera abstracta el fin o resultado que ha de lograr un componente de un sistema en funcionamiento. Estas funciones gerenciales son un elemento dinámico del proceso porque contienen la interacción entre actores, oportunidades y el propio contexto  (ALZA, Carlos: 2009).

Esta clasificación de las funciones gerenciales se desprende, para fines metodológicos, de las políticas públicas como categoría analítica o unidad de análisis. En ella, los procesos se dividen en subprocesos, o se descomponen o reconstruyen según la complejidad de la toma de decisiones. Para Lindblom, la mejor manera de comprender la complejidad del proceso de elaboración de políticas públicas es separarla en sus distintas fases y, después, analizar cada una de ellas (LINDBLOM, Charles: 1991).

En este proceso, señala Lindblom, “primero se estudia cómo aparecen los problemas, luego cómo se recogen en la agenda de decisiones del gobierno sobre políticas públicas, posteriormente se estudia cómo la gente plantea los temas para la acción, y cómo proceden los legisladores, así también cómo luego los funcionarios implementan las decisiones y finalmente cómo se evalúan las políticas.” (LINDBLOM, Charles: 1991, 11)

De esta manera, analizamos:

˜  Establecimiento de agenda (agendación). Comprende la identificación de los problemas públicos prioritarios que ameriten la actuación del Estado para resolverlos y mejorar las situaciones de necesidad social, de conflictos, de aspectos económicos, ambientales, entre otros, en el marco de un  contexto social, económico, político, etc.

 

El paso inicial es identificar los problemas públicos. Como señala Wayne Parsons, “la génesis de una política pública implica el reconocimiento de un problema” (PARSONS, Wayne: 2007, 119.), pero que no necesariamente antecede al proceso de establecimiento del problema en la agenda, dado que tal aspecto dependerá de la toma de decisión de los políticos o autoridades con poder, que según su visión o interés político priorizan las acciones para resolver un problema determinado.

Los gerentes públicos toman las decisiones públicas. Estas decisiones, deben ser técnica y políticamente argumentadas, a fin de que ofrezcan resolución a los problemas y satisfagan las necesidades para el bienestar de la población. Es importante señalar que no todos los problemas sociales se convierten necesariamente en problemas públicos. Un problema es público cuando ingresa a la agenda de decisión.

Para Kingdon, la agenda gubernamental es una lista de temas a los que los oficiales de gobierno están prestando alguna atención seria en un momento dado, por lo que el proceso de establecimiento de la agenda restringe los temas a aquéllos en los que efectivamente se concentran. Hay agendas dentro de las agendas y van desde las muy generales a las muy especializadas (KINGDON, Jhon: 1995).

En este proceso, intervienen distintos actores sociales y políticos: partidos políticos, movimientos locales, gremios, la administración pública, el sector empresarial, los medios de comunicación, la sociedad civil, etc. con el fin de incidir o influenciar en la toma de decisiones.

˜  Diseño. Establecen las orientaciones básicas que guían el funcionamiento del sistema. En esta fase se plantea cómo se realizará la política pública, de qué manera se eligen las alternativas de solución y de qué manera se creará valor para el ciudadano. Se define la visión, los objetivos y metas. Para ello, se identifica el problema, y se especifican las alternativas de solución.

La planificación de la estrategia abordará el problema público. Este debe estar estructurado con alternativas y soluciones acordes con el enfoque de la visión y misión que plantea la estrategia. Teniendo planteado estos puntos, se podrá elaborar las líneas de acción, que permitirán diseñar los programas y proyectos.

Un paso importante que incorpora el diseño es la planificación de los recursos, tanto humanos como financieros en los que incurrirá la estrategia. Del análisis de este punto suele proyectarse los resultados a corto, mediano, y largo plazo.  Finalmente, el diseño de los dispositivos organizativos, la elaboración de los marcos lógicos, órganos, subsistemas organizativos, normas y programas. Esta parte operativa permitirá conocer qué organismos tendrán la responsabilidad de ejecutar la estrategia y cuáles serán las capacidades y recursos que deberán tener para ser eficientes y eficaces. Esto equivale al gran plano de la casa que luego se construirá en la fase de implementación.

˜  Implementación. En esta función el gerente público pone en marcha “los procesos y actividades planificadas, utilizando, para ello, los recursos y dispositivos organizativos previstos. En esta función se desarrolla la gestión de operaciones , es decir, la producción de los bienes y servicios a ser entregados a los ciudadanos (servicio de salud, agua, licencias, atención al usuario, vaso de leche, etc.), lo que supone realizar actividades productivas y actividades que regulen el funcionamiento adecuado del proceso productivo (control de gestión).

La implementación, también incluye un mecanismo de control permanente conocido como monitoreo o control de gestión, que busca ir conociendo cómo se viene implementado la política pública, a fin de que se pueda dar los ajustes necesarios para el cumplimiento de la política según lo diseñado. Este proceso nos permite visualizar los avances y nudos que se presentan, tal vez por las limitaciones del personal o los recursos logísticos. Una supervisión constante busca maximizar los recursos y la efectividad de la política.

˜  Evaluación. “Permite apreciar el valor público generado y contrastar los resultados e impactos logrados con los objetivos propuestos, buscando retroalimentar el desempeño futuro de las demás funciones gerenciales.” (Barzelay y Cortázar). En otras palabras, estamos verificando y valorando si lo que diseñamos fue implementado y si lo implementado ha logrado los efectos esperados (metas, productos, resultados, impactos).

˜  Generación de capacidades. Una práctica transversal a todo el proceso es la generación de capacidades organizativas, técnicas o sociales indispensables para asegurar el buen desempeño del proceso operativo.

BIBLIOGRAFÍA

BARZELAY, Michael y CORTÁZAR, Juan Carlos. “Una guía práctica para la elaboración de estudios de caso sobre buenas prácticas en gerencia  social”. Washington D.C.: INDES, 2004

LINDBLOM, Charles. El proceso de elaboración de políticas públicas. Madrid, 1991.

PARSONS, Wayne. Una introducción a la teoría y la práctica del análisis de políticas públicas. México: 2007.

KINGDON, Jhon. Agendas, alternatives, and public policies. New York, 1995.


[1] Este post ha sido elaborado sobre la base de la información preparada  para mi Curso: Análisis de Políticas Públicas de la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas de la PUCP.

 

Carlos Alza Barco, Escuela de Gobierno PUCP.

 

Hace unos años, el Presidente de un Regulador se rasgaba las vestiduras afirmando su “neutralidad”. “In dubio pro empresa y privatización” eran sus principios. A la par, los usuarios sufríamos cobros arbitrarios y malos servicios. Confundía neutralidad con autonomía e independencia. Años después, el Tribunal Constitucional nos daba la razón estableciendo que todo órgano público, incluidos los reguladores, debe cumplir el “deber especial de protección de usuarios y consumidores”, establecido en la Constitución. El regulador debe ser autónomo, independiente, pero su misión es garantizar mejores servicios públicos.

Acaban de nombrar a los Presidentes de Sunass y Osinergmin. Osiptel y Ositrán  fueron declarados desiertos. En aras de la autonomía sería mejor que la elección no coincida con el periodo de gobierno. Los nuevos presidentes tienen el deber de no admitir directivas ni intromisiones políticas en sus decisiones. Un regulador debe guiarse por criterios técnicos, esa es su naturaleza. Para elegir a los que faltan, transparencia en la selección es imprescindible.

Aparecido el 06 de abril de 2012 en El Diario El Comercio (B4, Sección Economía).

¿Qué tipos de políticas públicas existen?

 

Carlos Alza Barco

Profesor y Coordinador de la Especialidad

de Políticas Públicas y Gestión Pública

Escuela de Gobierno PUCP

Ya sabemos que las clasificaciones son arbitrarias, pero también suelen ser necesarias. Facilitan el orden, la sistematización, el estudio especializado. Para la investigación, para la definición de una política pública como unidad de análisis y para su formulación, es importante contar con una clasificación que ayude a tomar mejores decisiones para que éstas se ajusten al marco jurídico vigente.

Los criterios de clasificación varían de autor a autor. Existen diversas clasificaciones y tipologías de políticas públicas. Así, por ejemplo, Theodore Lowi, desde un enfoque politológico, presenta políticas públicas de cuatro tipos:

Tipología  desde el enfoque politológico

 

Las políticaspúblicasson de cuatro tipos: Regulatorias
Distributivas
Redistributivas
Políticas constituyentes

 

  • Regulatorias: aquellas orientadas principalmente a lograr la realización de conductas deseadas o la no realización de conductas indeseadas. El énfasis está aquí en un enfoque conductual de las decisiones de los sujetos. Tal es el caso de las políticas de tránsito terrestre. El recientemente aprobado Reglamento de Tránsito no sólo plantea alternativas de solución al caos vehicular promoviendo y sancionando conductas en autos, sino también en las personas.
  • Distributivas: aquellas destinadas a prestar bienes o servicios a los ciudadanos. El énfasis está en el “delivery” de servicios públicos, tales como los servicios de salud, educación y seguridad.
  • Redistributivas: cuando se trata de políticas que recaudan de algunos para entregar a otros, en particular, por su condición de pobreza o vulnerabilidad. Los programas sociales son parte de las políticas redistributivas.
  • Constituyentes: cuando modifican la organización misma del Estado. El caso más claro en nuestro país es el de las políticas de la descentralización[1].

 

En el Perú, desde las ciencias sociales, se ha utilizado una clasificación que pretende poner énfasis en la naturaleza de las políticas públicas.

Tipología desde las Ciencias Sociales

Sociales Salud
Educación
Vivienda, etc.
Económicas  Fiscales (MEF)
Monetarias o cambiarias (BCR)
De gestión  Planificación del gasto ygestión financiera
Servicio civil yrelaciones laborales
Presupuesto y recaudación
Organización y métodos
Auditoría y evaluación

                                                                Elaboración propia. Fuente Carlos Parodi[2].

En ese sentido, se habla de:

  • Políticas sociales para aquellas destinadas principalmente a aliviar la pobreza y/o necesidades básicas de los ciudadanos;
  • Políticas económicas cuando se refieren al manejo de la hacienda pública y las finanzas del Estado[3].

 

Yo suelo incluir aquí lo que denomino, siguiendo al profesor Barzelay y otros autores de Gestión Pública:

  • políticas de gestión pública para referirme a aquellos procesos decisionales orientados a resolver los problemas de organización y operación del aparato burocrático. En varios países esto ha tomado la forma de Nueva Gestión Pública, y en otros, como los de América Latina y el Caribe, recibe el nombre de Reforma del Estado o Modernización del Estado.

 

Tomemos en cuenta, empero, que si bien para efectos metodológicos resulta conveniente una clasificación de este tipo; en la realidad práctica no todas las políticas son identificables con una sola categoría. Por ejemplo, las políticas mineras o las políticas de infraestructura son más difíciles de identificar en una categoría única, probablemente, debido a su transversalidad.

En un intento por encontrar una clasificación que sea útil para los politólogos y para quienes están involucrados en la toma de decisiones, revisé las normas, planes y directivas de la Presidenciadel Consejo de Ministros del Perú. Esto me llevó a elaborar otra clasificación[4], no exenta, por cierto, de dificultades:

Tipología  de Políticas Públicas a partir

del marco normativo nacional

 

Por su proyección temporal

Políticas de Estado
Políticas de Gobierno

Por su nivel de coordinación

Políticas sectoriales
Políticas multisectoriales
Políticas transectoriales

Por el nivel de gobierno

Políticas nacionales
Políticas regionales
Políticas locales

Elaboración propia: Carlos Alza

 

  • Políticas de Estado son aquellas que guiarán la labor del Estado más allá del gobierno de turno. Es decir, son decisiones que trascienden varios gobiernos, como ha sido el caso, en el Perú, de las políticas de comercio exterior presentes en diversos gobiernos, como los de Fujimori, Toledo y ahora García.

 

  • Políticas de Gobierno, en cambio, son aquellas que obedecen a un plan de gobierno y a la ideología del partido de gobierno y, por tanto, suelen estar circunscritas al periodo de mandato. Así, por ejemplo, para un Gobierno, el aumento de la recaudación puede convertirse en una política pública, mientras que, para otro, esta debe ser controlada o reducida. Ello dependerá del tipo de gobierno que llegue al poder.

 

  • Políticas sectoriales son las que se atribuyen específicamente a una cartera y afectan a su ámbito particular. El artículo 4º de la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo establecer que son “el subconjunto de políticas nacionales que afecta una actividad económica y social específica pública o privada.” Y se aprueban por Decreto Supremo.

 

  • Políticas multisectoriales son aquellas que son influidas por varios sectores, cada uno en su ámbito de aplicación. Así, por ejemplo, la seguridad nacional está confiada a un sector (Defensa), mientras que las políticas de seguridad en el transporte interprovincial están coordinadas por Interior y Transporte.

 

  • Políticas transectoriales cuando se encuentran transversalmente en los diferentes sectores del gobierno, como es el caso de la política ambiental o de la política de equidad de género.

 

  • Políticas nacionales son las que tienen eficacia a nivel nacional, como las políticas de Defensa e Interior. El artículo 4º de la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo las define como aquellas que “definen los objetivos prioritarios, los lineamientos, los contenidos principales de las políticas públicas, los estándares nacionales de cumplimiento y la provisión de servicios que deben ser alcanzados y supervisados para asegurar el normal  desarrollo de las actividades públicas y privadas. Las políticas nacionales conforman la política general de gobierno”. Se aprueban por Decreto Supremo.

 

  • Políticas regionales se aplican al espacio de la jurisdicción, tales como las políticas de la minería artesanal.

 

  • Políticas locales son las que corresponden a las municipalidades, como es el caso de las políticas de gestión de residuos sólidos.

 

Podríamos decir que es un trabajo pendiente que la Secretaría de Gestión Pública nos ayude con una clasificación más completa, constitucional y, por supuesto, operativa, útil para la toma de decisiones tanto como para el análisis. Estaremos a la espera y aportando desde aquí. Por lo pronto, seguiremos investigando.

Lima, mayo de 2011.


[1] Cfr. LOWI, Theodore. American Business, Public Policy, Case-Studies, and Political Theory. World Politics. USA, 1964, 16(4), pp. 677-715.

[2] PARODI, Carlos. Óp. cit, p.24.

[3] PARODI, Carlos. Perú 1960-2000. Políticas económicas y sociales en entornos cambiantes. Centro de Investigaciones dela Universidad del Pacífico, Lima, 2003, p. 24.

[4] Ibídem.

¿Quién debe dirigir?

Por: Carlos Alza Barco

Los alumnos reciben el caso titulado “Nombrando al Director del Ministerio de Cultura”. Obviamente un caso ficticio (en el Perú aún no hay el mentado Ministerio), que escribí ad-hoc para mi curso de la Escuela de Gobierno – PUCP. Discuten en grupos y asumen el papel de asesores del Ministro. Tienen que nombrar a un funcionario como Director General de Patrimonio Cultural.  La base teórica la ofrece Sidney Verba, con su texto El Liderazgo. Grupos y conducta política. Madrid: RIALP, 1968.

Me siento reconfortado. Ya he dictado este curso varias veces y en todos los casos los alumnos y alumnas responden positivamente al debate propuesto. Intervienen con entusiasmo, vehemencia y de manera informada -no todos pero uno se da cuenta y califica la participación, no lo duden. Lo más importante, obtenemos conclusiones y aprendemos de la experiencia haciendo dialogar la teoría y la práctica.

Se me ha hecho complicado encontrar textos académicos sobre liderazgo en el sector público. De hecho lo poco que existe es más del corte general o tipo best-seller o manual de bricolaje, hágalo usted mismo, o los ocho pasos para gobernar su mundo interior. Pero hay textos que insisten en el mundo privado, y también textos extranjeros que han estudiado seriamente las administraciones públicas. Busco oportunidad para estudiar estos aspectos en algún espacio del sector público. Si alguien tiene textos sobre el tema: bienvenida la referencia (al estilo PUCP).

En todo caso, la discusión de hoy miércoles en el Curso: liderazgo y habilidades directivas para la administración pública fue interesante. La gran pregunta ¿quién debe dirigir? se responde a través del caso. Conceptos como función instrumental y función afectiva del liderazgo, liderazgo innovador, o liderazgo conformista, fueron útiles y bien aplicados.

En efecto, mientras algunos consideran el liderazgo como congénito y otros se debaten en el dilema del huevo o la gallina para definir si la sociedad hace al líder o el líder a la sociedad, Verba nos plantea un enfoque del liderazgo como fenómeno social, como una función de grupo. Nos dice en la página 158, citando a Pigors, que “el liderazgo es un proceso de estímulo muto que, mediante el juego mutuo de importantes diferencias individuales, controla la energía humana para la consecución de una causa común. Se puede llamar jefe a cualquier persona durante el tiempo en que su voluntad, sus sentimientos y su intuición controla a los demás en pro de la causa que ella representa”.  Hoy obviamente cuestionaríamos esta última parte que considera al jefe como alguien que influye o manipula a los  demás para conseguir el fin. Pero se debe poner atención –como lo dice Verba- en que efectivamente el liderazgo no es un rasgo poseído por un individuo sino por un proceso colectivo relacionado con el funcionamiento del grupo. Que alguien ejecute estas funciones directivas en un espacio no significa que los vaya a ejecutar en otros. Porque el liderazgo no depende sólo del líder, sino del grupo que lo reconoce como tal.

Afirma Verba, citando varios ejemplos y autores, que el líder en el grupo cumple un doble papel. Por un lado, cumple una función instrumental de guiar al equipo al logro del fin. Y por otro, de mantener la “satisfacción del os miembros del grupo mediante…” (p. 191) la unidad del grupo, la cohesión, el trabajo en equipo. A esto último le llama la función afectiva.  No resulta difícil imaginar que los gerentes públicos también trabajan hacia adentro. Pero no tanto como hacia afuera. Por lo menos no parece ser la generalidad. Decía Mark Moore que también se genera valor público cuando uno construye institucionalidad, organizando sistemas administrativos que funcionen para brindar los bienes, servicios y la confianza que a su vez también son expresiones del valor público y que llenan o satisfacen las expectativas ciudadanas.

Uno de los elementos más interesantes de aplicar estos conceptos a la gestión pública, es la cantidad de tropiezos que uno encuentra. Por ejemplo, la función afectiva requiere un tiempo que el gerente público a veces no tiene. Es difícil generar una política interna de manejo del grupo, con un grupo de alta rotación por la influencia política. Y tienes, además, la debilidad de un sistema administrativo altamente rígido y persecutor que impide la innovación. Pregunto ¿Cómo lograr que ambas funciones, la instrumental y la afectiva, puedan ser cumplidas en el sector público? ¿Qué tendría que hacer el gerente público para lograrlo?

Anuncio: en unos dias aparecerán colgados, en la zona “Alumnos trabajando”, los posts de los alumnos y alumnas del semestre pasado sobre liderazgo en el sector público; estamos en edición.

DEL MILK OF SORROW AL MILK OF POLICY

Carlos Alza Barco

Profesor PUCP y Director Ejecutivo de PAR –
Instituto de Políticas Públicas, Regulación
y Desarrollo Sostenible (calza@par.org.pe).
.

Pasaron los premios Oscar. Hubo cita en Plaza de Armas para expresar el apoyo a la cinta nacional. Comentarios de los conocedores han ido y venido en la prensa y la blogósfera. Y también de los que todo lo desconocen, lo critican, y de los incomprendidos, incomprensibles e incapaces. El comentario mañana será que la Teta Asustada pasó a ser la Teta Choteada.

Milk of Policy

Milk of Policy

Quienes vieron la película queriendo encontrar allí el realismo francés o la leyenda china, obviamente fracasaron y tuvieron la mayor decepción. Quienes buscaron en ella una explicación sociológica o la verdad política a la guerra interna, seguirán buscando y nunca encontrarán. De eso no trata. Esos otros que buscaron explicación a la chica del vestido con globos, siguen en el desconcierto. Y seguirán igual. Nada de eso parece haber en la obra de la chica Llosa. Su rollo es otro, hizo lo que quiso y lo que le salió, con lo que pudo. Así es el arte, y así (sobre todo por la parte de “con lo que pudo”) es el arte en nuestro país.

El problema no es el premio ni el contenido de la película. Fui a ver el sábado los Abrazos Rotos. Comenté con mi fiel amiga cinéfila, el expreso apoyo del Gobierno Español al cine en la península. El suceso de siquiera tentar un Oscar –porque no deja de serlo y de ser un mérito enorme haber llegado allí y a Cannes y a otros importantes encuentros de cine- debe conducirnos a pensar en las políticas culturales y, en particular por supuesto,  en las políticas orientadas al apoyo al cine nacional.Milk of Policy

En el Congreso se promueve un proyecto. Habrá que estudiarlo y discutirlo ampliamente. Al parecer propone que la mitad del 10% que pagan las salas de cine a las municipalidades por recaudación de entradas se destine a un fondo especial: El fondo de Fomento a la Producción Cinematográfica Peruana (PROCINE). Este fondo sería administrado por CONACINE. Este dinero serviría para producir largometrajes y cortometrajes, así como para darle vida a un archivo nacional de películas y realizaciones audiovisuales creadas en el Perú. Debo recordarle que hay obligación de que toda producción en video vaya a la Biblioteca Nacional. De hecho la Ley habla de material cinematográfico, así como del Centro Bibliográfico Nacional. No hay que crear más burocracia, sino hacerla funcionar eficiente y estratégicamente.

En todo caso -repito- es momento de empezar a fortalecer nuestras políticas culturales. Y hablo de políticas públicas, no sólo de normas legales, que son en realidad un instrumento de política.  Insisto en mis clases en que las políticas públicas son procesos de decisión pública, en la que el Estado involucra su autoridad para tomar decisiones destinadas a resolver problemas considerados valiosos para el ciudadano. Decisiones que va desde definir que hay un problema, y que ese problema debe ser resuelto por el Estado.

El acceso a la cultura es un derecho, así lo reconoce nuestra Constitución. Y el propio Tribunal Constitucional ha reconocido que existe una Constitución Cultural en nuestro país. La Constitución obliga a que el Estado tome decisiones públicas. No estamos diciendo que el Estado deba hacer cine necesariamente (el Principio de Subsidiariedad -artículo 6 de la Constitución– nos amarra ya), pero si tiene que ser un actor central para garantizar y promover el derecho a la cultura de sus ciudadanos y ciudadanas. Queremos ver buen cine, queremos hacer cine en el Perú, y el cine puede ser un recurso para el desarrollo del país. Hay que ver más lejos. El cine también es arte y cultura, pero también es de esas artes que han creado industria. Creatividad e ingenio no nos faltan. Apuesto por la cultura, por las políticas culturales, y considero que no haber obtenido la estatuilla en los premios Oscar, debe ser ocasión para colocar este tema en el espacio de la discusión. Hay que tomar decisiones, aprobar normas, elaborar reglamentos, pero también hay que aprobar presupuestos, crear órganos y organismos si son necesarios, entre muchas otras medidas. En síntesis, hay que hacer política pública. Que el síndrome del Milk of Sorrow, se convierta hoy en el Milk of Policy que nuestro país necesita con urgencia.

“BAGUATAR” y la teoría del indio permitido

Carlos Alza Barco

carlos.alza@pucp.edu.pe

Profesor PUCP

James Cameron acaba de estrenar AVATAR. Sam Worthington y Zoe Saldaña, no tan conocidos, van acompañados por la célebre Sigourney Weaver. Después de verla, me preguntaba si nuestras autoridades tuvieron acceso al guión antes del denominado Baguazo. Por momentos tuve la sensación de que el Perú estuvo cargo del trailer de esta película al darle vida a casos como Bagua, Majaz, Río Corrientes, los problemas de superposición de lotes petroleros a áreas naturales protegidas, el problema con el Bahuaja Sonene, los Matsés, los Kugapakori Nahua, entre muchos otros casos que han devenido en conflictos socioambientales con violencia de por medio.

Según el Director de la película, este no será un éxito de los primeros días; sino más bien uno que se apreciará a partir de las semanas 3 y 4, en adelante. ¡Claro! Él mismo admite que es un tema complejo, estructurado para cuestionar –si bien con cierta simpleza argumentativa y efectos especiales en color pastel– el conflicto entre culturas, entre modelos de desarrollo. La película expresa bien el ánimo desesperado por la inversión, y la brutalidad con la que se actúa frente a lo diverso y diferente. Por un lado, los indígenas buscando proteger su entorno, sus creencias, sus formas de vida, y por el otro, el mundo de occidente, desesperado por “extraer” mineral a costa de una masacre además depredadora de faunas y bosques. Imagino que es aquí donde cabe la frase “cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia”.

La película vista en paralelo con el caso Bagua tiene enormes similitudes. Un Estado cuyo modelo de desarrollo es básicamente extractivo de recursos naturales con tanto valor económico que justifican cualquier (tipo de) intervención. El “indígena” debe “moverse a otras tierras” (Cerro de Pasco, estuviste presente!) para dar lugar al “desarrollo”. Un grupo de científicos creando avatares que se infiltran en el sistema para lograr el denominado “indio permitido” (me referiré a esto enseguida) y evitar la insurrección. En el medio, una historia de amor, como las muchas que seguramente dejaron policías, indígenas y otros ciudadanos que fueron víctimas en los sucesos de junio. Es lamentable, pero esas son las historias que nadie cuenta, y que agudizan el drama. Padres que pierden a sus hijos, hijos que pierden a sus padres, novios, esposas, amigos… como dice la Defensora del Pueblo, “cuando el conflicto se torna violento, todos perdemos”. Y, por supuesto, los funcionarios dispuestos a arremeter con gas lanzado desde helicópteros futuristas, incomprensión absoluta sobre el valor de bosques y faunas. Negación y desprecio por los diferentes inundan las escenas. Y –sin embargo- siempre algunos disidentes de ese sistema agresivo, dispuestos a cuestionarlo. Los distópicos que nadie quiere.

Pero este filme que costó 237 millones de dólares en producción y 150 millones en comercialización, pone sobre el tapete la violencia estructural que sufren los pueblos indígenas que perviven en nuestro país y, en general, en nuestro planeta. Lo que ocurre en el Perú es sólo una expresión más de lo que viene ocurriendo en el mundo entero. Hace poco menos de dos meses estuve en Barcelona, en un Curso internacional sobre conflictos y pueblos indígenas. Me tocó exponer el caso peruano: “Bagua”. A los africanos, latinoamericanos, europeos y asiáticos que allí nos dimos cita gracias a la invitación del System Staff College de las Naciones Unidas, nos cruzaba el mismo meridiano: pueblos indígenas avasallados por el sistema, por las reglas; procesos e instituciones construidos a partir de la monocultura de occidente, incapaz de ver sin otros lentes que los del crecimiento económico.

Uno de los temas interesantes en el taller fue recordar la teoría del “indio permitido”. AVATAR me recordó también esta teoría.  En términos de Silvia Rivera Cusicanqui, socióloga boliviana, muchas veces las políticas buscan un determinado tipo de indígena, aquel que acepta sumiso las propuestas del sistema. Usa la palabra indio porque enfatiza claramente el desprecio con que los Estados miran al indígena (cfr. Richards, P.). El “indio permitido” es pues aquel que está aprobado y validado por el gobierno, que no cuestiona las políticas públicas, que no demanda más, es aquel… que acepta. En ese sentido, queda prohibido el “indio insurrecto”, es decir, aquel que no está de acuerdo con el sistema, aquel que “se opone al desarrollo”, el “perro del hortelano”, el “indígena terrorista” o “vinculado con los narcos”, aquel que será condenado y sometido por la fuerza. Como afirma Patricia Richards, es aquel que dice no voy a consentir tus políticas multiculturales que no tienen sustancia. Ese es el indio que el Estado niega, gasea y mata.

Los Achuar, Matsés, Nahuas o las comunidades en Huancabamba,  todas ellas son aceptadas si están dispuestas a negociar educación intercultural bilingüe, salud intercultural, justicia y uso de mecanismos alternativos de solución de conflictos o desarrollo y crecimiento económico. Si no nos dan problemas. Pero algunas reclaman autonomía para la toma de decisiones, y en respeto de esta, poder negarse a aceptar actividades extractivas en su zona. Exigen no tanto acceder a servicios básicos típicos, sino la garantía de que cualquier actividad autorizada por el Estado no ponga en riesgo la vida de sus miembros, de sus hijos, padres y esposas/as. Es innegable que la compatibilidad de las actividades extractivas con otras como la agropecuaria, es posible hoy en día. ¿Qué se requiere? Un Estado regulador, fiscalizador y garante de los derechos de sus ciudadanos. Pero decidir parece estar negado a determinados grupos. El modelo es así, aquí terminó la historia. Si no quiere quedarse dentro del modelo entonces no tiene voz, es un “opositor al desarrollo”. Me pregunto qué diferencia este sistema al del clásico 1984 de Orwell.

Solemos pensar el desarrollo en términos nuestros. Sacrificando a los otros. No me cabe duda que detrás del problema de Bagua está una crisis entre los modelos de desarrollo existentes. Y no son pocos. Pensar idílicamente en el “movimiento indígena” no ayuda. También tiene sus debilidades, liderazgos huecos, dispersión temática, deficiente capacidad de propuesta, e intereses políticos (legítimos, por cierto) que priman en las negociaciones (no tan legítimo). Las comisiones vienen trabajando para darnos la “verdad” de los hechos. ¿Quién disparó primero? ¿Quién ordenó la intervención? ¿Cuántos muertos hubo realmente? Todo eso es importante y urgente, pero no estamos discutiendo lo trascendente e indispensable: la lógica, la mirada con la cual estamos construyendo el país. Siempre he dicho que cuando se trata de la propiedad de cuatro familias citadinas, el país se levanta y los medios acusan al gobierno de afectar sus derechos. Cuando se trata de los pueblos indígenas, entonces el derecho a la propiedad se flexibiliza, se debilita a favor del “desarrollo del país”. Seguimos viendo a los pueblos indígenas como los otros, y no como “prójimo”, los vemos como aquellos “insurrectos” que impiden “nuestro desarrollo”. Se requiere un Estado intercultural. No hay duda. La pregunta es ¿cómo lo logramos?

Lima, 18 diciembre de 2009

CUATRO AMIGOS EN EL BAR…

Somos cuatro. Discutiendo sobre la vida, el amor y el sexo. Las risas van y vienen. Pedro, lleno de triCUATRO AMIGOS...bulaciones, recuerda los celos de su “gata fiera” y los presuntos conflictos psicoafectivos de su mejor amigo; acaba de cumplir 24 y terminó la universidad. Ahmed, 26 años, propone un brindis por las mujeres vírgenes y recuerda con cariño a su ex novia hoy migrante en Madrid. El silencio inunda el espacio. Luego vienen las risas. El tercero, José Augusto, un maestro de 50, nos narra su outing frente a la madre y las hermanas a los 45 y un tórrido romance con su novio guatemalteco. El cuarto tiene 35 años. Como dice su facebook, “alguien que busca, no encuentra, lo encuentran y sigue buscando”. Pero nada de tristezas, las risas vuelven al unísono mientras el vino se ventila en las copas por tan sólo unos minutos antes de ser consumido. La discusión sobre la moda, “El Padrino”, Charly, la Navidad, los sueños y la Gestión Pública no para. Una gran noche.

¿Qué tienen en común cuatro hombres de edades diferentes en un bar de Miraflores (Babilonia bar & lounge. Valga el publicherry!)? Los problemas de pareja, los amigos y sus conflictos, las búsquedas y las identidades no resueltas, de uno o de los otros, los celos, la esperanza, el horizonte sobre una vida que unos recién empiezan, creyendo conquistarlo e inventarlo todo; y que otros … reconquistan y reinventan a los 30, a los 40 o a los 50. No hay límite.  La música suena: Pet Shop Boys, Madonna, Erasure –todo en versión electrónica- y los infaltables Micrófonos (dejaré por ahora los tambores que tanto entusiasmaron a los jovenzuelos y –debo admitirlo Ahmed- sí, es una canción pacifista pues las bombas no tienen micrófono!!).

Algunos amigos –y especialmente los mejores- suelen cuestionar por qué tiendo a rodearme de personas con edades muy diferentes a la mía. Mayores o menores. “Y lo peor: los mezclas”, me dicen. Pareciera que hay una aversión a la pluralidad generacional. Y pareciera también que hay la convicción de que la brecha generacional es insuperable. Menosprecio de los jóvenes por inexpertos, satanización de los adultos por responder a tradiciones caducas. Ocurre pero no son absolutos.

Todo esto se traduce también en la política, en la administración pública y también, pero mucho menos, en la gestión empresarial. Quizá debamos aprender también de ella. La juventud en el sector público sigue siendo para muchos un demérito más que un mérito. La percepción de que la probabilidad del error se acentúa durante la juventud no siempre es verdad. Por el contrario, en el sector privado, normalmente, los jóvenes son sinónimo de innovación, creatividad y, sobre todo, renovación permanente de energías. No son pocos los casos de ministros, directores, gerentes o alcaldes, cuya juventud ha significado un aporte sustancial en términos de innovación en la gestión y la regulación.  También hay de los otros. Lo que a veces falta en la juventud es la modestia de reconocer que hay una historia que les antecede y de la que se tiene que aprender. Necesitamos, sin embargo, que jóvenes ingresen más pronta y responsablemente al sistema político y a la administración pública. Es indudable el mérito del ímpetu, así como de la experiencia.  Compartía estas ideas hace poco en el Encuentro Nacional de Actores Políticos – ENAP 2009, en Trujillo, mientras intentaba esbozar, a su solicitud, algunas líneas de política para el próximo quinquenio.

Creo que me desvié del tema. Lo que quería compartir, en todo caso, es la idea de que quizá sea, precisamente ésta, la razón que explica mi insistencia: la riqueza que encuentro en el compartir historias que nos dicen mucho de la vida que alguna vez vivimos, o que viviremos. La evidencia de que en ese compartir florecen las más claras coincidencias sin importar edad. Respecto de la vida que vivimos hoy, sólo queda eso, compartirla con gracia y libertad, tomando un buen vino, compartiendo una tabla de quesos y seguros de que la amistad sincera supera cualquier diferencia de edad.

Debatamos más las políticas públicas…

No cabe duda de que la realidad, en ocasiones, nos puede brindar, con mayor claridad, aquello que otros teorizan en sus escritos o disertaciones. He tratado numerosas veces de explicar a mis alumnos y alumnas cómo se toman las decisiones públicas, la relevancia de la deliberación en la identificación de las preferencias públicas, y de la legitimidad de la decisión pública en los organismos del Estado. En suma, cómo se hacen las políticas públicas.

maestros de la discusión...

La reciente decisión –controvertida e inoportuna- de la Comisión Revisora del Código Penal, relativa a la despenalización del aborto eugenésico y por violación, tanto como la reciente decisión –contradictoria y de impactos discriminatorios- del Tribunal Constitucional sobre la píldora del día siguiente, son ejemplos concretos sobre la necesidad de la participación de los ciudadanos y ciudadanas en su definición; y de la necesaria deliberación que debe ameritar el proceso de formulación de las políticas públicas.

Una comisión revisora es una comisión técnica, principalmente, pero no exenta de la discusión y la presión política, religiosa o económica. Por ello, precisamente, sus decisiones no pueden ser estrictamente jurídicas (el frecuente error de las comisiones que formamos en el país). Antes bien, tendrían que deliberar ampliamente, no sólo interna sino externamente, sobre los valores que circundan a la comunidad, las necesidades  de la población, en particular la más pobre, y motivar su decisión a través de argumentos sólidos que permitan conocer las razones de su decisión.

La evidente confusión generada entre despenalización del aborto y promoción del aborto, o la desinformación liderada por sectores conservadores sobre la jerarquía de derechos, como si la vida de uno fuese más importante que la de otros, nos muestra cómo una comisión revisora de normas (instrumento de política pública muy relevante), tiene un mandato más allá del voto a favor o en contra. Tienen una misión de propuesta regulatoria, pero esa misión no puede estar ausente de su labor pedagógica en la discusión pública de los temas que se someten a su revisión. En esto los medios de comunicación tienen una responsabilidad fundamental para hacer el seguimiento permanente a estos procesos y aportar en la deliberación pública sobre las materias que se votan.

Giandomenico Majone explica cómo las decisiones de los gobiernos no se toman por ser las mejores, sino muchas veces por ser las mejor argumentadas. Científicamente, se prueba una y otra vez, se ensaya y se comete errores, y la certidumbre científica se logra a través del falseo permanente y perseverante de lo que puede ser el descubrimiento científico. En cambio, en la administración estatal no podemos hacer eso. Sería costoso, podría conllevar a afectaciones serias de los derechos y libertades de las personas, y requeriría un tiempo prolongado que no puede ser esperado por las urgencias de la sociedad para resolver sus problemas. ¿Por qué, entonces, una decisión termina siendo adoptada por el que toma decisiones? Majone explica esto afirmando que se debe al factor de aceptación que la argumentación genera. Claramente, uno puede hacer pilotos, puede establecer pequeñas pruebas, aplicar técnicas de validación, revisar los diseños, pero no habrá certeza de sus impactos en la realidad hasta su implementación.  Lo que si es necesario, es el análisis de política pública, utilizando o generando la data que nos permita proyectar resultados e impactos esperados.

Comentaré la decisión del Tribunal en otro post, para no confundir las discusiones, pero puedo adelantar que allí no sólo hay un problema jurídico o técnico-médico sobre la argumentada naturaleza abortiva de la AOE, sino también un problema de los límites de la sentencia del TC en la formulación, implementación o rediseño de las políticas públicas. ¿Cuánto y cuándo puede el TC ingresar en políticas públicas?

Sugiero leer: Giandomenico Majone. Evidencia, Argumentación y Persuasión en el Proceso de Políticas Públicas. Mexico City: FCE, 1996. Lo encuentran en la librería del Fondo. La versión en inglés: Evidence, Argument, and Persuasion in the Policy Process, New Haven, CT: Yale University Press, 1989. (Paperback edition, 1992).

¿No tiene blog, profe?- Fue la pregunta de mi alumno el primer día de clase del ciclo pasado. Mis explicaciones sobre la falta de tiempo, que mi blog sólo contenía fotos de mis cuadros, o que no había decidido el nombre, fueron inútiles. Lo cierto es que no tenía blog y le pareció un escándalo. Poco tiempo después la pregunta fue por el twitter, google reader, gmail, entre otros varios sistemas de comunicación virtual. Obviamente, aparte del facebook, tampoco estaba en ellos.

Soy profesor universitario. Intento conversación en la catedral-queirolo dyer mendez alza entender o crear mecanismos que permitan a mis alumnos aprender más y mejor. Empecé, entonces, a estudiar sus formas de comunicación y la manera en la que, finalmente, aprenden lo bueno, lo malo y lo feo de la realidad. Usar sus formas para lograr el propósito de enseñanza-aprendizaje es también, creo, una responsabilidad docente y profesional.

Se inició un nuevo semestre y he decidido lanzar mi propio blog. No prometo nada. No estoy seguro de la frecuencia con la que escribiré. No creo que se reduzca a artículos políticos, académicos o teóricos. Más bien sospecho que -muy a mi estilo- será diverso, plural y en ocasiones controvertido. Lo cierto es que debo confesar que la idea de tener un blog me entusiasma porque me permite comunicar, argumentar, decir, y –a través de la palabra- expresar mi punto de vista, reafirmando mis utopías y descubriendo mundos distópicos a los que podríamos llegar o en los que solemos estar inmersos.

Moverse entre utopías y distopías, no es fácil. Por un lado, este espacio me permite reafirmar mi invariable afición y esperanza por la democracia como diálogo, aquella idea llena de significado a la que arribamos con los Egresados por la Democracia – EGREDEM. Pero también me permite reafirmar mi confianza en que ese mundo de utopía en el que los derechos están vigentes para todos, llegará algún día como resultado del incansable trabajo de quienes creen en la dignidad del ser humano. Mi familia y la Defensoría del Pueblo, donde tuve el honor de servir al país, son, en parte,  responsables de esta invariable y profunda convicción.

creating public valuePero  no puedo negar que a ratos pienso –como en la ciencia ficción- en mundos distópicos, en realidades atroces, devastadoras, apocalípticas, a las que nos conducimos de manera insensata como comunidad, como civilización, como especie. Pienso en mundos distópicos en los que falta el agua, en los que el aire es irrespirable, en los que la Amazonía ha sido devastada, en los que gobiernan las tiranías, en las que se persigue a los demócratas, violar los derechos es la regla y en los que la violencia se ha vuelto la mejor forma de resolver todo conflicto. Y me aterro, pero no me inmovilizo. Estoy aquí. He aquí mi aporte.

El título del blog tiene una explicación. Coadyuvo en mis cursos y en mi trabajo a la formación de gerentes públicos. Y para mí -siguiendo a Mark Moore- un gerente público crea valor público. Y lo hace prestando servicios, produciendo bienes para la comunidad, generando confianza en la actuación gubernamental. Servicios, resultados y confianza son elementos clave en la generación de valor público. Este blog tiene también ese propósito: coadyuvar en esa tarea brindando información, produciendo opiniones y argumentos, y ofreciendo una línea de pensamiento que tiene, qué duda cabe, en el respeto de libertades y derechos de las personas, y en la democracia, su guía para la acción.

Lima, 8 de octubre de 2009

Carlos Alza Barco

Amar y Ser Amados

Publicado: 27 junio 2009 en Artículos
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En el día del orgullo gay

Hay temas de los que nadie habla o escribe, a no ser que sea por moda, por ser lo políticamente correcto, o porque resulta oportuno mencionarlo una vez al año para reafirmar ante los demás la vocación por los derechos humanos y la democracia –que, por cierto, muchas veces es también lo políticamente correcto -. La diversidad sexual es uno de esos temas.

La crisis de masculinidad ha puesto el tema de nuevo en la palestra, aunque el sujeto siga siendo, para todos los efectos, un mero objeto de estudio. No dudo, sin embargo, que la generación de conocimiento ayudará a la comprensión de fenómenos que muchos viven pero pocos aceptan. También el desarrollo del derecho a la identidad ha planteado interrogantes sobre las identidades trans, que hoy por hoy han merecido inclusive sentencias de las Cortes Constitucionales y Supranacionales. Los estudios queer se extienden cada vez más, al punto que en universidades como Harvard, Oxford, Cambridge o Yale, existen revistas especializadas y arbitradas sobre diversidad sexual. Y en el Perú, el MHOL y otras pocas organizaciones publican reportes sobre las violaciones a la población LGBT y hay algunas webs poco difundidas sobre lo que ocurre en la escena gay.

La sociedad peruana, sin embargo, aún se mueve entre mitos y prejuicios. “Los gays quieren ser mujeres”, “Todas las lesbianas son machonas”, “Un gay siempre abusará de mi o me acosará, así que cuidado!”, “Los maricas están enfermos”, “Los gays trajeron el SIDA”. Estas afirmaciones, que son sólo algunas de las muchas “zonas erróneas” de nuestra sociedad, son resultado de la poca información que existe sobre el tema y de un heterocentrismo autoritario con el que se ha construido la realidad. Pensamos que el amor y el sexo son exclusivos para hombres y mujeres. Todo lo demás está negado.

He visto jóvenes sufrir por el rechazo de sus padres, mujeres que crecen amando a escondidas, hombres solitarios entregados a relaciones furtivas o a la sordidez de saunas y baños públicos. He conocido hombres casados reinventándose a los 50 y hasta los 60, adolescentes conflictuados por la censura, hijos castigando a sus padres por encontrar finalmente el camino de sus vidas, y padres castigando a sus hijos por “desviar” ese camino que recién empiezan. Hay profesoras y profesores despedidos, reglamentos policiales y códigos militares discriminatorios, bromas y chistes homofóbicos todos los días, ridiculización de los gays en los programas de TV. Y… transexuales y trasvestis buscando trabajo sin ser aceptadas en ningún lado. ¿Contratarías una? Probablemente no, pero luego las juzgamos por condenarlas como sociedad a la prostitución o, en el mejor de los casos, a las peluquerías. Esa es nuestra condena, socialmente aceptada y muchas veces justificada, a quien decidió de manera revolucionaria vivir como se es, como se quiere. Pero también he visto hombres y mujeres diversas sexualmente, aportándole al país lo mejor de sus vidas, jóvenes y adultos, aceptados y amados por los otros, y todo eso me permite reafirmar la esperanza. Parece difícil entender que sólo la libertad que entrega amor a los seres humanos con los que compartimos este magnífico mundo llamado Tierra, nos hará felices. Parece muy difícil entenderlo.

Esta no es una nota para los activistas. Basta de hablar entre conversos. Hay que recordarles a todos que en cada persona con orientación sexual distinta encontramos un ser humano, con derechos y deberes, con valores, amor, sueños, búsquedas y esperanzas. El rechazo y la discriminación que la sociedad expresa en cada una de sus decisiones, las privadas y las públicas, sólo generan dolor y desesperanza, angustia y sufrimiento, soledad y muchas veces muerte. Esta es una voz de reconocimiento, orgullo y protesta, y de reivindicación y compromiso y convocatoria, para lograr que esta sociedad se convierta en una en la que las personas seamos libres sin importar la orientación sexual que tengamos, que sea no sólo real, sino estupenda para amar y ser amados.