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Aprender de la Experiencia (2)

 

[Este post es el primero de una serie producida para el blog Politics & Ideas. La serie de posts se centra en cómo el desarrollo de contenidos para enseñar políticas públicas es a la vez, en sí mismo, un reto en la construcción de capacidades. La versión original en inglés la puede encontrar aquí.]

Carlos Alza Barco[1]

Diferenciar un hecho de un problema, una estrategia de un mecanismo, una función de una competencia, una fase de diseño de una de implementación. Saber analizar o formular políticas públicas, establecer mecanismos de gestión, tomar decisiones y resolver los dilemas de la decisión. Aprender a usar la evidencia o a construirla para formular mejores políticas públicas. Negociar, armar coaliciones, lograr incidir. Estudiar el arte del Estado consiste, entre otras cosas, en todo lo anterior.

 

aprender de la experiencia caratula solaFormar profesionales para la administración pública es –en mi opinión y experiencia- una excelente forma de aportar a la creación de capacidades institucionales en el gobierno. Esto, por supuesto, no es fácil. La educación universitaria tiene sus paradojas. Para enseñar bien la teoría, necesitas tiempo, un tiempo que te aleja de la práctica misma. Si enseñas lo práctico, te puede ganar la tecnocracia, perdida y aislada de lo político, vaga y sin horizontes claros. Si eres alumno de pregrado, tienes vocación y permanente entrenamiento en el razonamiento teórico, pero no tienes experiencia ni acceso fácil a la burocracia. Esto, en ocasiones, los conduce a una limitada comprensión de la burocratización de lo político. Si eres un burócrata que estudia un posgrado, tienes el acceso y la información de las acciones de gobierno, la experiencia de la gestión, pero no tienes tiempo y el trabajo te deja sin fuerzas –y a veces sin ganas– para convertirlo en teoría útil para comprender dicha complejidad. Esta situación parece llevar al profesor a la imposibilidad de una enseñanza profunda de los procesos de política. Esto, por supuesto, no es cierto.

 

En un post anterior hablamos de los teaching cases y de los research cases, como dos formas distintas de hacer casos, en tanto responden a objetivos diferentes. Nosotros optamos por hacerlas coincidir. Los denominados teaching cases han tenido una gran difusión en el mundo académico como tecnología educativa que permita comprender y discutir procesos de política, de toma de decisiones o procedimientos y estrategias que ocurren en la administración pública o privada. Suelen ser elaborados por especialistas, docentes e investigadores. Cada teaching case tiene una propia estrategia metodológica para su construcción, así como herramientas para el docente, de modo que pueda darle el mejor uso en el aula.

 

Por otro lado, los denominados research cases han servido a investigadores para reconstruir procesos de política a través de narraciones que muestran extractos de la realidad analizados con marcos teóricos útiles para comprender dichos procesos. Los research cases se usan hoy en tesis de posgrado, investigaciones y publicaciones académicas. Cada uno de ellos nos muestra dificultades y limitaciones en las reformas de gestión, estrategias en la toma de decisiones, en suma, la política de las políticas públicas.

 

El libro que acabamos de publicar “Aprender de la Experiencia. Ocho estudios de caso para estudiar políticas públicas y gestión pública” (2014) surge precisamente de la conjunción de ambos tipos de casos. Elaboramos teaching cases a partir de la elaboración de research cases, en la comprensión y convicción de que el involucramiento en la producción de estos brinda oportunidades a los alumnos y alumnas para hacer ambas cosas a la vez: producir conocimiento científico sobre los procesos de política, reconstruyendo y analizando los hechos con estrategias historiográficas guiados por la teoría, y aprender en el proceso de investigación. No se trata, entonces, simplemente de recrear o convertir en ficción situaciones reales, sino de hacer de la realidad una fuente de aprendizaje para comprender y aprender a hacer (decidir), reconociendo tanto las buenas como las malas prácticas de los actores políticos y burocráticos.

 

Además de la utilidad de estos casos para la academia, tienen efecto en las capacidades institucionales del propio Estado, generando evidencia que sirve para comprender los procesos más allá de los resultados. Estos últimos nos permiten visibilizar la eficacia, pero los primeros nos permiten identificar las formas de hacer y decidir, lo que a su vez facilita la transferencia de políticas y el inter aprendizaje en la administración del Estado para brindar mejores servicios a ciudadanos y ciudadanas.

 

 

[1] Docente y coordinador en políticas públicas y gestión pública de la Escuela de Gobierno PUCP. Doctor (c) en Ciencia Política y Gobierno y Magister en Regulación (LSE, UK). Ha realizado estudios de derecho en la PUCP, en Harvard y Sevilla. Fue Defensor del Pueblo Adjunto para Servicios Públicos y Medio Ambiente y es consultor nacional e internacional en políticas públicas, gestión pública y gobierno.

 

Bibliografía

 

  • Alza Barco, Carlos (Comp.) (2014). Aprender de la experiencia. Ocho estudios de caso para enseñar políticas públicas y gestión pública. Lima: Escuela de Gobierno PUCP.
  • Barzelay, Michael y J.C. Cortazar (2004). Una guía práctica para la elaboración de estudios de caso sobre buenas prácticas en gerencia social. Washington DC.: INDES BID.
  • Byrne, David and Charles Ragin. (2009). The SAGE handbook of Case-based Methods. London: SAGE.
  • Hood, Christopher. The Art of the State. Culture, Rethoric, and Public Management. Oxford University Press.
  • Miller, Delbert y Neil Salkind. (2002). Handbook of Research Design & Social Measurement. 6th Oaks: SAGE.
  • Pettigrew, Andrew M. (1997) What is Processual Analysis? En: Scandinavian Journal of Management, Vol. 13, No 4, pp. 337 – 348.
  • Stake, Robert E. (1995). The Art of Case Study Research. Thousand Oaks: SAGE.
  • Yin, Robert K. (1994) Case Study Research. Design and Methods. Second Editions. Thousand Oaks: SAGE.

 

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Aprender de la Experiencia (1)

 

[Este post es el primero de una serie producida para el blog Politics & Ideas. La serie de posts se centra en cómo el desarrollo de contenidos para enseñar políticas públicas es a la vez, en sí mismo, un reto en la construcción de capacidades. La versión original la puede encontrar aquí.]

Carlos Alza Barco[1]

 

Desde que Lasswell (1951) desarrolló la noción de análisis de políticas y los paradigmas burocráticos descritos por Weber fueron cuestionados por los de la Nueva Gestión Pública, la Ciencia Política y de la administración pública han buscado modelos de comprensión de algo que –en realidad, no podemos ver ni tocar: las políticas públicas.

 

teachingHugh Heclo (1972) decía que las políticas públicas no son un fenómeno autodefinido; es decir, no son materiales, palpables, no se pueden tocar, abrazar o sentir físicamente como a las cosas materiales. Las políticas públicas, decía Heclo, son categorías analíticas y, por tanto, ideales, producto de la construcción analítica, reflexiva, del analista, del investigador o del formulador de políticas. Entonces, ¿dónde están las políticas públicas? ¿Dónde se hacen reales? ¿Cómo se hacen reales? ¿Cómo se materializa un concepto o –mejor aún- como conceptualizamos una realidad que no palpamos? ¿Qué es –finalmente- lo que hacen los gobiernos?

 

Estas preguntas han guiado mis reflexiones en torno a las políticas públicas en toda mi experiencia académica y profesional. En casi diez años como servidor público, pude ver y participar de esa realidad compleja que es la administración y el gobierno, y en la que la pregunta ¿dónde está la política pública? sigue vigente. Desde la academia, y siguiendo a diversos autores como Lindblom (1991), Hood (1998), y Stein & Tomassi (2006), diría que las políticas son el centro del quehacer del Estado y están emergiendo en el continuo proceso político de decisiones que conforman al leviatán. Es el analista, como diría Heclo, el que reconstruye, redibuja y –cuando formula las políticas- las dibuja también, para comprenderlas o intervenir sobre ellas.

 

Si esto es así, la gran pregunta es cómo enseñar políticas públicas sin una unidad de observación física. Me topé entonces con la metodología de estudios de casos, tecnología educativa que puede convertirse en una excelente herramienta para el análisis de las políticas públicas. Un estudio de caso tiene la enorme ventaja de reconstruir los procesos de decisión y de ordenar una complejidad con los lentes del analista, del académico, pero también con la lógica del tomador de decisión. De modo que un estudio de caso reconstruye, explica y ayuda a comprender fenómenos complejos, y la elaboración misma de un caso genera conocimiento sobre una realidad a la que –si no estamos dentro- tendríamos poco acceso o solo conocemos por la formalidad de sus instrumentos públicos.

 

Convencido de ello, convoqué en el año 2012 a un grupo de estudiantes de pre y posgrado de la Pontificia Universidad Católica del Perú para elaborar ocho estudios de caso sobre experiencias de política pública en el gobierno peruano, que nos permitirían reconstruir procesos de política y facilitar el aprendizaje colaborativo basado en problemas (2004).

 

Tres casos[2] muestran procesos y estrategias de establecimiento de agenda gubernamental, y uso de evidencia para la toma de decisiones. Otros tres casos[3] están orientados a mostrar procesos vinculados al diseño y la implementación de políticas o programas públicos, en un marco de liderazgo gerencial y uso de evidencia. Uno de ellos[4] está centrado en el diseño de políticas. Y el último[5] está pensado en las diversas estrategias y dilemas a los que se enfrentan los actores públicos cuando atienden conflictos sociales violentos.

 

Esta vez no serían casos recreados, novelados o convertidos en ficción como suelen ser los denominados teaching cases. Serían casos reales cuyo proceso mismo de elaboración sería valioso para la generación de capacidades y aprendizajes sobre las políticas y la gestión públicas en alumnos y profesores investigadores, además de generar evidencia sobre los procesos reales de política pública. A esos les llaman research cases (Stake; 1995). Veremos en un siguiente post cuál es la diferencia entre estos.

 

 

[1] Docente y coordinador en políticas públicas y gestión pública de la Escuela de Gobierno PUCP. Doctor (c) en Ciencia Política y Gobierno y Magister en Regulación (LSE, UK). Ha realizado estudios de derecho en la PUCP, en Harvard y Sevilla. Fue Defensor del Pueblo Adjunto para Servicios Públicos y Medio Ambiente y es consultor nacional e internacional en políticas públicas, gestión pública y gobierno.

[2] Ni una muerte más. El caso de la política pública sobre el feminicidio en el Perú; La Ley Asustada. El caso de la aprobación de la Ley de Cine en el Perú (2009-2012); y Ambiente de presión. El caso de la creación del Ministerio del Ambiente en el Perú (2007).

[3] Reconvirtiendo el Programa. El caso del Programa de reconversión laboral REVALORA Perú (2009-2011); Oportunidad para Servir. El caso de la creación del Cuerpo de Gerentes Públicos en el Perú; Un solo lugar, menos tiempo. El caso del Centro de Mejor Atención al Ciudadano (MAC).

[4] Centrándose en los resultados. El caso del Programa Presupuestal Estratégico de Incremento de la Productividad de las MYPE.

[5] Crónica de un conflicto anunciado. El caso del conflicto social en Bagua (5 y 6 de junio de 2009).